Es mi “etapa genital”
la que seduce a Edipo,
mi instinto visceral,
mi inconsciencia húmeda
la que roba besos a las
lenguas del barro

La deformación acaricia mis líneas…
Y me convierto en codicia

ni los cigarrillos,
ni el vino,
ni la criptonita
hacen que el sol muestre
sus moretones en la pelvis

Ni el kama sutra dibujaría
a la lujuria desnuda,
mamando a una perra
un pedazo de infierno depravado

Ni un árbol con senos
escucharía el palpitar
de un orgasmo cucufato

Ni mi pubis freudiano,
ni mi cerebro “clitoridiano”
se atreverían a deshojar
los gemidos de las
concubinas del aire

O en mi etapa onírica,
(quizá)
las musas se dibujen la vulva
pintando de soledad su lengua,
gimiendo sobre un cenicero de arcilla

Pues ni el ser,
ni mi ser, que no debe ser, susurraría
con esa sensualidad plena,
como las que se escuchan en la cama de mi vieja.

Pues el misterio de mi muerte
pretende manosearme a colores
cuando el libido indecente me toque.